El humo de un cigarro se abre
como un pétalo.
Es como si latiera,
se
destripara de su propia franela y decidiera no evaporarse.
Después se va.
Se pierde.
Se filtra por las comisuras
de las paredes,
las viejas hélices de un
abanico que resopla el aire caliente que baja del norte.
He traído la verdad a casa.
Pequeñas manchas me cubren
las botas.
Siento miedo.
Como si todo el desierto me
rodeara como un puño a punto de golpearme.
El tiempo parece / parece
una aparición / que se desaparece.
Una repetición precisa. Un
edicto interestelar.
Una tuerca que da vueltas y
no logra cerrar.
Un remolino que seduce
continuar.
Un cigarrillo que no se
apaga,
por el que fuma la
humanidad.
Me aparto. Me retiro.
Me vuelvo una nube cruzando el
cielo azul
Una sombra que danza
Un amor de papel
Un niño que busca a su madre
en medio del tropel.
Pero no lo encuentro.
No lo encuentro ni en los sueños
ni en el tren.
Adonde se ha ido / me pregunto
me pregunto / si se ha ido
o si en vez / está aquí conmigo
entre estos ojos y el final
entre estos años y el total
de estas horas, de estos días,
de este tiempo esfumado
cazando sandías,
en esta tierra extraña,
en esta rara vida. .jpg)
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