El internet es un asombro de la genialidad del homo sapiens. Un espacio que
le permite a la especie estar en contacto consigo misma, y hace de cada
individuo un símbolo en la maquinaria de una ecuación infinita. Un cableado de
ideas con el suficiente poder para moldear todas las personalidades
individuales, nutriéndose de la fuerza de billones de cerebros que soplan su
creatividad sobre ellas. Toda la inteligencia potencializada sobre una base
física que permite ser compartida a través de los sentidos. Pararse frente a
sus portales es como estar frente a un abismo, un vórtice de donde salen
disparados infinitos espíritus en todas direcciones, que permean el universo con
su luz y su sombra.
***
El
internet está vivo: Sueña. Se ríe. Respira.
Es lo
primero que se piensa al despertarse en la mañana.
¿Qué
habrá pasado? ¿Quién estará allí? ¿Adonde dejaré que este cerebro se entretenga?
Fotos de chifladas megadivas son abiertas solo porque creén que podrán verle las tetas.
Se
preguntan que significará la palabra puñeta.
Leen un
cuento de Edgar Allan Poe, mientras miran de reojo una pelea de Thai Box.
El
internet está vivo: absorbe.
Previene
disfrutar las mieles de la soledad.
Dificulta mirar los atardeceres, las estrellas, ese gesto que hacen los amados solo
para sus parejas.
Seduce
pensando que mantiene unido, cuando en realidad, no deja que las caras se miren
de frente.
Pero a mí
eso no me importa.
Internet,
déjame adorarte.
Déjame
escapar en un video de Youtube,
Déjame
soñar un status en Facebook
Y claro…
No me
despiertes.

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