¡Me voy, me voy, me voy!
Me voy pero me quedo en el
mismo sitio.
Mi cuerpo se estremece en un
viento hecho de voces que sacuden mis ojos.
Sueño,
Sueño,
¡Sueño!
No pertenezco, pero pertenezco.
Me voy a no sé donde, pero me
quedo en el mismo sitio.
Me voy al mismo sitio, pero
me quedo no sé dónde.
Me traga la tierra, pero decide
escupirme.
No quiere que sea tierra
sino lágrima.
Prefiere que baje por la
rama de un árbol que llora en silencio.
Que caiga sobre una hoja que
se lleva el río,
Pero me traga un pez que se
come un oso
y el oso me vuelve a llorar
a través un ojo cubierto de lagañas
y termino convertido en la lágrima
de un bosque que llora,
dentro del pez,
justo antes de subir a las
nubes y dejarme caer,
bajando a novecientos kilómetros
por hora antes de irme,
de perderme en una espiral
de carne y helechos que me llevan a Alicia,
que nunca logró salir del País
de las Maravillas,
aunque ahora la reina es
ella y está molesta,
muy molesta porque perdió la
infancia atascada en un paisaje del que jamás logró salir,
y por venganza mató a las
flores y me tiene en frente,
lista para tragarme para ser
su lágrima personal,
esa que llorará hasta el fin
de sus días,
una y otra vez,
una y otra vez,
hasta que el mundo deje de
ser mundo,
y las lágrimas ya no tengan
sentido.

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