Donde termina la civilización y empieza lo que dejamos atrás, allí estaré yo.
Parado sobre la frontera que separa lo real de lo que no conoces.
Inmerso totalmente en esta infinita existencia.
Deseándolo todo y queriendo nada a la misma vez.
Como un león de oro tergiversando tus sueños para que algún día puedas conocer lo que se esconde detrás del océano de pensamientos que ahogan tu cordura.
Estás aquí para darte cuenta, querido hermano.
Que tus carnes y tus huesos son la superficie de la luz infinita que brotan de tu centro.
¿Cuántos milenios caminaremos, tomados de las manos compartiendo esta incumbrable experiencia dominada por el dolor?
Pronto querido, estarás del otro lado.
El amor eterno lo abarca todo.
No temas.
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