Ohh luz eterna, que nuestros silencios digan más que nuestras palabras,
para que no nos perdamos en las discrepancias que separan nuestras almas.
Para algún día poder mirarme a mi mismo cuando te encuentres frente a mí,
Y el único himno que resuene dentro sea, “mi querido hermano, eres igual a mí!”.
Que en nuestros ojos se encuentre la llave para acercarnos sin temor,
tu bien sabes que es mucho más fácil hacer la guerra que el amor.
Por eso te pido, infinito Señor, que infundas piedad en nuestros pensamientos,
Y que en la sinagoga, en la mezquita, en la iglesia, y en los templos,
el amor se propague como un perpetuo incienso,
que deshaga nuestras diferencias y proclame al universo!
Amen
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