¿Qué derecho tienes tú de
violentar un cuerpo?
De interferir con el fino
balance que lo ha hecho perfecto,
De empujar,
De golpear,
De dejar tus huellas sobre la
piel de sus recuerdos,
De opacarle su brillo,
De robarle el misterio.
¿Qué derecho tienes tú de
atormentar una mente?
De vaciar tu crueldad
tentando a la suerte,
De esculpir con tu odio su manera
de pensar,
De mentir,
De turbar,
De asaltar con tu ignorancia
la esperanza de su amar.
¿Qué derecho tienes tú de
maltratar a tu esposa?
De obstruir su camino con tu
ira y con tu cólera.
De pisar,
De ofender,
De saquear ese amor que una
vez prometiste,
y aplastar con tu voz la
semilla de tu estirpe.
¿Qué derecho tienes tú?
Ahora solo queda esperar
Y cosechar lo que has
sembrado.
A esperar a que los cuervos
se cansen del maíz
Y te vengan a cobrar las
penas del pasado.
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