No existe nada más poderoso que alinearnos con nuestra verdadera identidad; aquella identidad que yace bajo la máscara del pensamiento. Nuestra verdadero ser yace allí, justo debajo de esa nube de pensamientos incesantes, esa neblina bajo la cual pasamos nuestros días, ajenos a la paz y a esa felicidad expansiva que surge cuando dejamos entrar la luz de nuestra presencia a la ecuación vital. Es allí cuando llegamos a la realización que nos hemos pasado la vida escondidos en el lugar equivocado.
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