Eres maternidad inquebrantable ascendiendo las costras del cielo,
La sangre que emana fogosa de las verdades que rigen tu cuerpo.
Eres mil años de opresión gimiendo a oscuras,
La soledad ensimismada ocultándose detrás de tu costura.
Eres espejismo de quimeras y de encuentros,
El clamor de un corazón que perdido busca incierto.
Eres voz drenada en el eterno eco del tiempo,
Un diamante perfecto que jamás fue descubierto.
Sigo viendo tu rostro aunque lo lleves furtivo.
Lo sigues reflejando en tus ojos reflexivos.
No te escondas más. Sal a nuestro encuentro.
Espero que tu grito lo escuchemos en el viento...
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