Navegando las lagunas del deseo,
mojando mi carne en la humedad de sentimientos pasajeros,
trato de salir a flote.
Hay tanto que sentir, tanto que experimentar,
que la verdad se aleja mas y mas mientras nado sin cesar al infinito.
A veces, miro hacia arriba y no veo el final,
descorazonado doy brazadas y la orilla no parece llegar.
Mil almas nacen en mi interior y desgarran mi unidad al llevarme
a mil destinos diferentes. Pero sigo aqui, detenido en este tiempo doloroso,
arraigado a una esperanza que nubla mi presente y lanza destellos de ansiedad
por todo mi ser.
Se que no pertenzco a este mundo. Ninguno lo somos. Si nuestras carnes anhelan compania, es porque en principio no estaban separadas. Nuestra miradas esconden nuestro anhelo de volver a unirnos en un detello eterno que solo es. Que no pretende ser lo que nunca fue. Que siempre sera perfecto y nada jamas podra deshacerlo.
Llego a la orilla y por un segundo recuerdo. Que esto es mas que un levantarse dia a dia y ocupar la mente para poder subsistir, mientras las noticias anuncian historias desoladas que explotan nuestra impotencia.
Un haz de luz penetra mis ojos. Y lo veo por fin. Alli esta, dentro de mi. Desglosando la luz que teniamos escondida en lo mas profundo de nuestras almas. Hemos vuelto a nacer. Ya no hace falta nada.
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