Rebuscando en unas de las cavernas de mi mente,
una gota de sangre toma conciencia de ella misma,
y la pobre se retuerce en espirales estrellados mientras trata de escuchar sus debiles pensamientos.
Pero no puede, ya que esta alienada de la verdad que la engendro,
y llora y sufre y no para de explicarse, que hace alli,
en aquel lugar tan etereo y muerto.
El panuelo de paz que la envuelve y la consuela,
aquel siempre presente y corporeo panuelo,
ya no sabe que hacer con ella,
y la misera gota,
en un acto desesperado, vira y se desparrama,
y la gota ahora es un rastro, en el panuelo blanco que ya reposa,
en mi bolsillo izquierdo, mientras disfruto de un paisaje de Miro,
que en silencio me vela.
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